jueves, 21 de octubre de 2010

Mañanas de fútbol

Hacía tiempo que algo me tenía preocupado. Era algo que venía temiendo desde que llegué a América. No tenía nada que ver con la adaptación, las clases o las comidas. Era algo mucho más grave. Tenía miedo de no poder seguir con regularidad los partidos de fútbol de la Liga española y la Copa de Europa. La poca afición que existe en estas tierras, las dificultades horarias y el desconocimiento de un lugar de reunión donde ver los partidos, me habían obligado a seguir por Internet el desarrollo de estas competiciones durante un mes. O sea, me habían obligado a no enterarme de lo fundamental: las sensaciones de los equipos, los jugadores revelación, los golazos de la jornada.

Pero todo se ha solucionado esta semana. Hace poco me puse en contacto con Alberto, un amigo de unos hermanos increíbles, Miguel y Vicente Silvestre, amigos míos desde siempre. Alberto es un madridista de los buenos, y no se pierde un partido. Así que me puse en sus manos para solucionar mi problema. El fin de semana pasado fuimos a casa de Antonio, un malagueño amigo suyo, en Hermosa Beach. Allí me recibieron encantados, y disfrutamos de una buena jornada de Liga. Vimos los partidos Barcelona-Valencia y Málaga-Real Madrid, mientras tomamos un rico aperitivo y comentamos los regates de Ozil, la fuerza sobrehumana de Carles Puyol o el estado de forma de Xabi Alonso. Una de las peculiaridades de nuestra reunión fue que se desarrolló desde las 11 de la mañana hasta las 3 del mediodía, lo que en España se realiza de 8 de la tarde a 12 de la noche. Esto provoca algunos cambios: hay que madrugar el sábado, se come en lugar de cenar y no puedes irte a dormir inmediatamente si tu equipo ha sido humillado. Pero la sensación de placer fue la misma: vimos fútbol entre amigos, y sentimos, por fin, la emoción de la Liga.

El martes por la mañana quedamos para ver el partido de Copa de Europa entre Real Madrid y Milan. Esta vez fuimos a un bar en el barrio de Westwood, que tenía una pantalla gigante, rodeada de otras más pequeñas, y una barra americana en la planta de arriba, justo enfocada hacia las televisiones. Estuvimos Alberto, Antonio, un chico italiano, y nos acompañó Pablo durante la primera parte. Allí pedimos coca-colas, cervezas, hamburguesas y sandwiches, y nos emocionamos con el partido. El Real Madrid jugó muy bien, creó ocasiones, marcó dos goles y falló unos cuantos, y demostró que vuelve a ser un candidato a ganar títulos. Yo disfruté con jugadas ordinarias como hacía tiempo que no hacía. Sentí el ambiente del Bernabéu, canté los goles y recuperé la fe en mi equipo. Después, con una sonrisa, me marché a la habitación, cogí mi mochila y fui a clase. Es lo que tiene el fútbol por las mañanas.

4 comentarios:

  1. Me alegro de que estes disfrutando de nuestro madrid,un abrazo

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  2. q pasa tio,era yo el de antes q no me he dado cuenta y tenia la cuenta del hospital abierta,un abrazo

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  3. menos mal que hemos dado con el garito perfecto... cuál es el siguiente?

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